Trilce LXXVI

[Pablo Oyarzún Robles (Santiago)]

LXXVI

De la noche a la mañana voy
sacando lengua a las más mudas equis.

En nombre de esa pura
que sabía mirar hasta ser 2.

En nombre de que la fui extraño,
llave y chapa muy diferentes.

En nombre della que no tuvo voz
ni voto, cuando se dispuso
esta su suerte de hacer.

Ebullición de cuerpos, sinembargo,
aptos; ebullición que siempre
tan sólo estuvo a 99 burbujas.

¡Remates, esposados en naturaleza,
de dos días que no se juntan,
que no se alcanzan jamás.

Desalación


El tiempo corre de dos en dos por no ser menos. Y dos no da con dos.


Me quedo mirando el número, el numeral, el grande, se comba hacia dentro, hacia abajo, se concava. L y VI, dolorosamente, se escoran, hacia dentro, hacia abajo, como perfilándose. Y solas, en el fondo, las equis prevalecen, sosegadas. Convalecen, quizá. No se dice que sean dos, pero lo son.


Apenas puedo pasar del verso 2. Me enredo en la lengua, me pasman las equis mudas. ¿Son dos, son más, son muchas, son N, son X? ¿X equis?


De la noche a la mañana el tiempo corre, vuela.


Todo es tiempo, aquí, y también todo es letra, una por una, s e p a r a d a una de otra, quizá cada u n a de sí misma. El tiempo, de haberlo (aquí), lo desperdiga todo, de uno en uno todo sale disparado, volando, con alas desalado, en las más improbables direcciones. De ahí el espacio. Es el espacio lo que extraña.


Y el tiempo.


También los nombres subieron despavoridos y aquí solo hay habla en nombre, sin nombre, esa la della.


De la llave y la chapa ni hablar.


Tampoco el hervor vuelve a juntar. 99 es dos ojos lagrimeando, es dos testigos mendaces, dos peregrinos a medio camino, dos casi que no dan el ancho.


No hay cómo ser dos, a pesar de que se lo son.


Noche, mañana, días, dos, el alcance, la unión, la juntura, el ayuntamiento se da, sí, jamás.


LXXVI. Setenta y seis: 7+6 = 13. Y 3-1 = 2. No hay manera.


Abajo las equis, en quiasmo, además de mudas, ciegas.


Suben las letras, los nombres.


Se sube para abajo. También.